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Hace tiempo que recibo mensajes de alumnos de máquinas y futuros marinos preguntándome qué les espera cuando embarquen por primera vez, cómo pueden prepararse mejor o qué deben hacer para ganarse el respeto a bordo.
La verdad es que no existe una fórmula exacta para tener un primer embarque perfecto. El buque lo hace la tripulación, y esa es una realidad que se aprende rápido. He conocido compañeros que han embarcado en el mismo barco, pero con tripulaciones diferentes, y sus experiencias no tenían nada que ver: unos hablaban maravillas del aprendizaje y del ambiente, mientras otros recordaban el mismo buque como una etapa dura.
Por eso quiero compartir estos consejos para nuevos marinos desde mi propia experiencia. No pretendo dar lecciones absolutas, sino ofrecer una guía honesta para que puedas empezar con buen pie, adaptarte mejor a la vida a bordo and aumentar las posibilidades de que oficiales, mecánicos y marineros confíen en ti y estén dispuestos a enseñarte.
Cuando consigues generar una buena primera impresión, mantener una actitud correcta and demostrar interés, es mucho más fácil que la tripulación te abra las puertas del verdadero aprendizaje: esos pequeños secretos del buque que no siempre aparecen en los manuales.
1. Empezar con buen pie a bordo: la importancia del saludo

Una vez atraviesas la pasarela para subir a bordo, tu actitud empieza a contar. Lo primero que recomiendo es presentarte a la persona que esté haciendo guardia y solicitar hablar con el oficial de tu departamento que esté de servicio.
Puede que te indiquen ir directamente al puente para hablar con el capitán o el primer oficial. Si está en tu mano, intenta presentarte antes al oficial de máquinas. En mi opinión, es mejor entrar por tu departamento, que sea el oficial de máquinas quien te oriente y, si procede, quien te presente posteriormente en puente.
Desde ese primer momento conviene observar. No para juzgar, sino para entender el ambiente: cómo se hablan entre ellos, qué nivel de formalidad existe, cómo se dirigen a los superiores and qué tipo de respeto se respira a bordo.
Ahora bien, tampoco recomiendo pasarse de serio. A bordo se aprende mucho mejor en ambientes donde existe cierta cercanía, confianza and complicidad. Si con el tiempo puedes madurar tus relaciones hacia ese terreno, mucho mejor. Eso sí, siempre con respeto y sentido común. No estás allí para hacer “coleguis”, estás allí para aprender, convivir y trabajar.
Saluda y pon buena cara a todo el mundo. En un ambiente cerrado, donde vas a convivir durante semanas o meses, un simple saludo puede marcar mucho más de lo que parece. Hay días duros, guardias largas y momentos de tensión; una buena actitud ayuda a suavizar la convivencia.
También te digo algo: habrá ocasiones en las que no te devolverán el saludo. No le des demasiada importancia. Tú mantén la educación and no cambies tu forma de comportarte por la actitud de los demás.
2. Flexibilidad en el primer embarque: aprender sin dejar que se aprovechen de ti

The flexibilidad a bordo es importante, pero hay que entenderla bien. Tienes que saber cuál es tu lugar, qué tareas te corresponden and dónde están los límites.
En muchos buques, el alumno acaba realizando tareas de limpieza en la sala de máquinas junto al engrasador o los mecánicos. Esto puede formar parte del aprendizaje, pero siempre en su justa medida. Estás allí para aprender, no para convertirte únicamente en mano de obra barata.
Si después de semanas lo único que haces es limpiar y no recibes formación, no ves sistemas, no participas en mantenimientos y nadie se preocupa por enseñarte, mi consejo es claro: valora pedir el desenrole y buscar otro buque. Se es alumno una vez, y ese tiempo es limitado.
Dicho esto, cuando te toque limpiar, encájalo con humor y profesionalidad. Aunque al principio no lo parezca, también se aprende limpiando.
Recuerdo una ocasión en la que me mandaron a echar una mano limpiando la zona de un sistema de prelubricación. Había un intercambiador de tubos, una bomba, tres filtros de aceite y un panorama bastante desolador: aceite por todas partes, trapos impregnados y una fregona como compañera de batalla. En ese momento, el primer impulso es preguntarte si realmente has elegido bien tu profesión.
Pero con el tiempo entendí que ese tipo de trabajos también enseñan. Aprendes de dónde viene todo ese aceite, cómo evitar que se derrame en el próximo mantenimiento y qué protocolos puedes mejorar antes de abrir un filtro, desmontar una bomba o intervenir un sistema.
También aprendes qué productos químicos necesitas para cada situación, cómo manipularlos con seguridad and cuánto tiempo real requiere limpiar una zona después de un mantenimiento mal preparado.
En definitiva, desarrollas cultura de limpieza. Y en máquinas, esa cultura vale mucho.
En el siguiente mantenimiento de ese sistema me aseguré personalmente de que se drenaran bien los filtros antes de abrirlos y de que las válvulas estuvieran correctamente cerradas para incomunicar el sistema. Si tienes que discutir un poco con mecánicos u oficiales para hacer las cosas mejor, hazlo, pero siempre con respeto, educación and argumentos.
El tiempo que evitas limpiando aceite derramado lo puedes invertir en tareas mucho más interesantes.
Un buen criterio para saber qué trabajos deberías hacer como alumno es observar si los mecánicos o tripulantes también los hacen. Si ellos realizan esas tareas, tú también puedes hacerlas en su justa medida. Pero si solo te usan para trabajos que nadie quiere hacer y no aprendes nada, cuidado. La flexibilidad no significa dejar que te tomen el pelo.
3. La queja a bordo: cuándo hablar y cuándo medir tus palabras

La moral a bordo es un asunto muy serio. En un barco, el ambiente puede mejorar o empeorar rápidamente dependiendo de la actitud de la tripulación.
Mi consejo para cualquier nuevo marino es sencillo: intenta que tu paso por las guardias, los trabajos y el tiempo libre no mine la moral de los demás. Los comentarios dañinos, las críticas constantes o las quejas sin control pueden afectar mucho a la convivencia.
Hay dos cosas que destruyen el buen ambiente a bordo: los cotilleos y las quejas descontroladas.
Es normal quejarse alguna vez. Todos tenemos días malos. Todos nos cansamos. Todos hemos tenido momentos en los que algo nos parece injusto o mal organizado. Pero igual que la flexibilidad tiene límites, las quejas también.
Si llegas a un barco y lo primero que haces es quejarte de todo, la tripulación puede verte como alguien vago, consentido o poco preparado para la vida a bordo. Y una vez que te colocan esa etiqueta, cuesta quitársela.
Mi recomendación es que hagas que tus quejas tengan valor. Si tienes una queja importante, algo que afecta a tu seguridad, tu aprendizaje o el funcionamiento del trabajo, habla directamente con el oficial o responsable adecuado. No vayas compartiéndola con toda la tripulación porque lo único que conseguirás es generar mal ambiente.
A bordo, una queja bien planteada puede ayudar. Una queja repetida sin control puede hundir la moral de todos.
4. Cotilleos y rumores en el barco: por qué es mejor mantenerse al margen

Este punto está muy relacionado con el anterior. Los cotilleos y rumores pueden destruir la convivencia a bordo más rápido de lo que parece.
En un barco, cualquier pequeño detalle puede convertirse en una historia enorme. El aburrimiento, la convivencia constante y la falta de privacidad hacen que muchas veces se hable más de la cuenta.
Mi consejo es muy claro: escucha y calla.
Si alguien te cuenta algo personal o privado, eso debe quedarse entre esa persona y tú. Airear información de otros nunca trae nada bueno. Puede generar tensiones, enemistades, desconfianza e incluso problemas laborales.
A veces, sin darte cuenta, puedes acabar metido en una historia que no iba contigo. Por eso es importante ser prudente. No repitas conversaciones privadas, no alimentes rumores y no te conviertas en la persona que lleva información de un lado a otro.
La confianza a bordo cuesta ganarla y se pierde muy rápido. Si la tripulación ve que eres discreto, te respetarán mucho más.
5. Confianza con los compañeros: cercanía sí, exceso de intimidad no

Convivir a bordo puede crear relaciones muy intensas. Pasas muchas horas con las mismas personas, compartes guardias, comidas, problemas, cansancio y momentos buenos. Es normal que se generen vínculos.
Pero también hay que tener cuidado con la confianza que das y con la información que compartes.
Si eres alumno, por ejemplo, y le cuentas a un tercer oficial que tu intención es promocionar rápido dentro de la empresa, puede que esa persona se sienta insegura o amenazada. No siempre ocurrirá, pero puede pasar. Y si pasa, quizá deje de enseñarte correctamente o incluso intente limitar tu desarrollo.
No digo que tengas que desconfiar de todo el mundo. Digo que debes ser prudente. A bordo, no todo el mundo necesita conocer tus planes, tus ambiciones o tus asuntos personales.
También conviene tener mucho cuidado con las relaciones entre tripulantes. Algo que parece un asunto privado entre dos personas puede convertirse en un problema para toda la tripulación. Puede generar tensiones, celos, cotilleos y rumores que terminan afectando al ambiente general.
Mi consejo es que construyas buenas relaciones, pero con límites. Sé cercano, sé compañero, sé educado, pero no entregues tu confianza demasiado rápido.
6. Puntualidad en la vida a bordo: un detalle que marca tu reputación

La puntualidad a bordo no es negociable.
La realidad es que, si eres puntual, probablemente nadie te lo va a agradecer de forma especial. Pero si no lo eres, todos lo van a notar. Y lo van a recordar.
En tierra, llegar diez minutos tarde puede ser un detalle molesto. A bordo, puede significar que un compañero que lleva muchas horas trabajando tenga que esperarte para ser relevado. Después de una guardia larga, esos diez minutos pesan mucho.
Por eso recomiendo llegar siempre un poco antes, especialmente si tienes que recibir o dar instrucciones durante el relevo de guardia. El handover no debe hacerse con prisas. Es un momento importante para saber qué ha pasado, qué queda pendiente, qué equipos están en marcha y qué incidencias hay que vigilar.
Ser puntual demuestra disciplina, respeto por el compañero y seriedad profesional.
Puede parecer un detalle pequeño, pero a bordo los detalles pequeños construyen o destruyen tu reputación.
7. Tomar la iniciativa como nuevo marino sin asumir riesgos innecesarios

Para mí, una de las grandes diferencias entre un mal marino, un buen marino y un muy buen marino no está en las notas que sacó en matemáticas ni en cuánto cree saber sobre barcos.
La diferencia está en el interés.
Cuando llegas a un barco, no sabes casi nada del funcionamiento real de ese buque. Puedes haber estudiado, puedes conocer teoría, puedes haber aprobado exámenes, pero cada barco tiene su manera de trabajar, sus sistemas, sus manías, sus problemas y sus rutinas.
Depende de ti que esa ignorancia inicial vaya cambiando.
Toma la iniciativa. Pégate al mecánico. Ensúciate. Pregunta. Observa. Mete mano en todos los sistemas en los que puedas participar de forma segura. Aprovecha cada mantenimiento para aprender no solo qué se hace, sino por qué se hace así.
Mi consejo es que intentes aprender todos los puntos de vista dentro del departamento de máquinas. Observa al mecánico, al engrasador, al tercer oficial, al segundo y al jefe. Si eres alumno, céntrate especialmente en entender bien el trabajo del mecánico y del tercer oficial, porque ahí suele estar una parte muy importante del aprendizaje práctico.
Cuando generas confianza and consigues pequeños logros, los buenos oficiales empiezan a darte más responsabilidad. Pero hay que tener cuidado: tomar la iniciativa no significa asumir riesgos innecesarios.
Si tienes dudas, pregunta. Es mejor consultar antes que cometer un error que te haga volver al punto de confianza cero.
Un fallo grave no solo puede afectar a tu reputación. También puede afectar a la seguridad, al equipo o al trabajo de tus compañeros.
La iniciativa es necesaria, pero siempre debe ir acompañada de humildad, prudencia y sentido común.
8. Respetar la cadena de mando y saber a quién preguntar

La cadena de mando existe por una razón y hay que respetarla. A bordo, el orden jerárquico ayuda a que el trabajo sea más claro, especialmente en situaciones de presión.
Pero también creo que hay que ser inteligente para entender cuándo una duda corresponde a un tercer oficial y cuándo es mejor acudir directamente al primer oficial o al jefe de máquinas.
Todos te dirán que debes respetar la cadena de mando siempre. Y en términos generales, es cierto. Pero en la práctica hay dudas muy específicas que quizá solo pueda resolver la persona con más experiencia a bordo.
Si tienes una pregunta técnica compleja y sabes que el superior puede resolverla mejor, no tiene sentido poner en una situación incómoda a alguien que quizá no tiene la respuesta. Eso sí, hay que hacerlo con respeto and sin pasar por encima de nadie de forma innecesaria.
También recomiendo crear lazos entre departamentos. Si tienes dudas relacionadas con cubierta, puente o procedimientos generales, pregunta a la persona con la que tengas más confianza y que pueda ayudarte correctamente.
A bordo, aunque a veces parezca que cada departamento vive en su mundo, todos formamos parte del mismo equipo. Que no te convenzan de lo contrario.
9. No dejar en evidencia a nadie: respeto y prudencia en público

Nunca recomiendo dejar en evidencia a nadie, y mucho menos a un superior, delante de otros compañeros.
A nadie le gusta quedar mal en público. En un barco, donde la convivencia es constante y el espacio es limitado, una situación incómoda puede quedarse flotando durante mucho tiempo.
Es posible que otros intenten dejarte en evidencia por ser el nuevo, el alumno o el menos experimentado. No caigas en ese juego. No necesitas demostrar que otro se equivoca para demostrar que tú vales.
Si ves un error, intenta comentarlo en privado y con respeto. Si se trata de una cuestión de seguridad inmediata, actúa como corresponda, pero sin convertirlo en un espectáculo.
Tus logros no se van a medir por lo mal que hacen las cosas los demás, sino por lo bien que haces las tuyas.
The humildad, the discreción and the elegancia profesional son cualidades muy valiosas a bordo.
10. Compañerismo a bordo: echar una mano siempre que puedas

El compañerismo es una de las cosas más importantes en la vida a bordo.
Si no tienes nada que hacer, busca a alguien que esté trabajando y ofrécete a echar una mano. Un trabajo entre dos casi siempre es más sencillo, más rápido and más llevadero.
Además, ayudar es una de las mejores maneras de aprender. Muchas veces, al acercarte a un compañero para apoyarlo en una tarea, terminas entendiendo un sistema, un procedimiento o una forma de trabajar que no habrías aprendido quedándote parado.
También es una buena manera de estrechar lazos. A bordo, la gente recuerda quién ayuda y quién desaparece cuando hay trabajo.
No se trata de estar disponible para que se aprovechen de ti, sino de demostrar actitud. Si puedes ayudar, ayuda. Si puedes aprender, aprende. Si puedes facilitarle el día a un compañero, hazlo.
La vida en el mar ya es suficientemente dura como para complicarla más con egoísmo o individualismo.
Al final, un buen marino no solo se mide por lo que sabe, sino también por cómo convive, cómo trabaja en equipo and cómo responde cuando alguien necesita una mano.
Reflexión Final
Si estás a punto de embarcar por primera vez, mi consejo principal es que vayas con humildad, interés y buena actitud.
No intentes demostrar que lo sabes todo. No llegues quejándote. No te metas en rumores. No confundas confianza con exceso de familiaridad. Sé puntual, respeta la cadena de mando, pregunta cuando tengas dudas and ayuda siempre que puedas.
El primer embarque puede marcar mucho tu forma de entender la profesión. Habrá días buenos, días duros, momentos de aprendizaje y momentos en los que te preguntarás qué haces allí. Pero si mantienes la actitud correcta, cada guardia, cada mantenimiento and cada conversación pueden enseñarte algo.
Ser marino no se aprende solo en los libros. Se aprende viviendo el barco, observando a la tripulación, cometiendo errores pequeños, corrigiendo rápido and ganándote la confianza de quienes ya llevan años en la mar.
Y si algo me ha enseñado la experiencia, es que a bordo se recuerda mucho más la actitud de una persona que sus palabras.




Cómo a vida mesma, ESTUPENDO ARTIGO.
Saúdos.
Felicidades.
Muy buenos consejos que no pierden vigencia, gracias
Estoy de acuerdo en que lo primero es mostrar la buena educación (falatría más cuando se está ya estudiando una carrera)..
En lo que hay que mejorar son los aspectos de los riesgos en los puestos de trabajo. Por ejemplo en lo que comentas del aceite ese, que hay muchas veces que no te dan un mono , guantes, gafas y demás protectores para realizar cualquier labor, ni conocces la toxicidad de las sustancias o los peligros a los que se expone en una sala de máquinas (no es lo mismo la teoría que la práctica),
Deja mucho que desear la tutoría a bordo (no sólo hay que ser proactivo sino prevenir, y te hablo de las prácticas en los años 90, en lo que coincidiamos muchos que «podían ser mejorables»).
Un saludo.
habeces ser pesimista es bueno…ir preparado mentalMENTE siempre para lo peor…..convicencia dura, otros idiomas, mala mar, mala comida, muxo trabajo poko dinero…..eso ayuda para cuando estes abordo te des cuenta q no era tan malo como pensabas y cualquier cosita buena q pase lo vez como GANANCIAS..BENDICONESEEE MARINOSSS
Hola soy el jefe de aquinas Amable Batista
Estoy totalmente de acuerdo con los consejos
Hola, no mencionaste un punto importante.
y ese punto es…?